Cuando alguien se va…

Mi cafetería está ubicada justo en una de las calles donde ponen el mercado del pueblo, con la suerte de que la gente de los puestos cercanos es, en su gran mayoría, personas maravillosas que se han convertido en amigos.

Hace cuatro años, al abrir, empezamos a conocernos… Juan, uno de los fruteros, siempre entraba con una sonrisa, pero no la sonrisa que se mantiene desde la sociabilidad, no… Juan llevaba la sonrisa en la mirada, esas sonrisas que se perciben más que verse.

Siempre se ponía a la punta de la barra, esperaba paciente a que le viéramos y decía «un bombón, por favor» y desaparecía para aprovechar e ir al servicio. Nosotros, preparábamos el bombón y con el jaleo, y como lo habíamos perdido de vista, a veces se nos quedaba preparado en la cafetera, en eso que llegaba Juan, volvía a apoyarse en la punta de la barra (con su mirada sonriente) en silencio, observando y de repente escuchábamos «Corta mi café ya…» (y aquí su mirada se convertía en una mirada picarona y bromista), entonces nosotros con cara de asombro, de «otra vez!!» mirábamos a la cafetera y allí estaba su bombón esperando…. Creo que nuestro inconsciente provocaba que se repitiese esta situación, porque era un gustazo el momento de cachondeo entre el bombón de Juan y nuestro despiste….

Cuando yo hacía la lista de la compra, él siempre me sugería cosas, me hablaba de sus propiedades y de lo buenísimo que era comer la fruta y la verdura. Como yo no quería lechuga para las ensaladas, me ofrecía una cosa rara entre lechuga, col o no sé qué con un millón de propiedades, se llama Pack Choi y a mi siempre se me olvidaba y le decía «ponme pachuli de ese que tienes», aquí, su paciencia aumentaba, «Pack Choiiiii…. Regi, es pack choi», era como si llamaras a alguien por un nombre que no es el suyo, que parece una falta de respeto. Y es que estoy segura que Juan, trataba con cariño incluso a las frutas y verduras….

Un día, allí, en la punta de la barra, su cara era otra… y nos dijo,

– «Ya tengo el resultado de las pruebas, y tengo cáncer»

-«Joder! Juan…. no me digas…. y cómo estás?»

– «Pues no puedo hacer otra cosa que atender lo que me pasa y cuidarme, de momento no voy a venir al mercado, voy a tomármelo como unas vacaciones, cuidarme, disfrutar de mi familia, hasta que esté bien»

Incluso con esto, Juan transmitía entereza, pero no de la que se fuerza, no… era como su sonrisa, desde la mirada, desde la actitud, aceptación y responsabilidad con lo que ahora le estaba pasando.

Su mujer, Anto, como él,  siempre despachaba a la gente con una sonrisa, daba igual que hiciera frío, calor, diluviara…. se les sentía muy compenetrados. Se percibía una pareja con valores y filosofía de vida muy sincronizada.

De esto hace algo más de un año y desde entonces, su vacío se percibía en cada mercado, pero siempre había una esperanza de volver a ver allí la fruta y verdura con alguien sonriendo tras el mostrador….

IMG_20180206_101458Hace unos meses, en el supermercado, encontré una bolsa con un gran rótulo «Pack Choi» y me dije «Ay!! mira!! así es como se llama!!» mi cara (más bien mi alma) dibujó una sonrisa al ver en mi mente la cara de Juan y me dije (y creo que de alguna forma le dije) «No pienso comprarlo, esto solo me lo vende Juan» al tiempo que escuchaba en mi mente, la paciente discusión con Juan entre pachuli y pack choi.

Han pasado meses y cada semana paso por delante del envase y cada semana al pasar por delante, recuerdo a Juan.

El lunes, a las 7 de la mañana recibí un whatapp de Anto diciéndome que Juan había terminado su lucha y que ya descansaba en paz…

Estaba convencida que iba a volver a verle…

Fuimos al tanatorio y nunca, nunca en mi vida he percibido lo que percibí allí… Anto estaba allí, delante de la ventana que deja ver el ataúd de la persona que se va, y aunque su físico mostraba cansancio y mucho trabajo, la mujer que allí había era pura entereza, sinceridad, amor… y no era ni forzado, ni medicalizado, era transparencia pura y dura de una filosofía de vida, de unos valores familiares de una familia maravillosa. Y allí, sobre la caja, estaba la foto de Juan, y de nuevo era su mirada la que brillaba y la que sonreía…

Por la tarde fui a comprar y fui directa al Pachuli, «Antes no lo compIMG_20180206_101415raba porque eras tú el que me lo tenía que vender, ahora, va a formar parte de mis platos, porque quiero recordarte, porque has sido una de esas personas que agradezco al Universo haber conocido. Porque a veces, no hace falta horas y horas para apreciar a las personas, si no calidad en las relaciones..  Gracias por las risas, por tu paciencia, por tu ejemplo, por la pasión con que hablabas de tus hijos, las funciones de teatro, por cómo cuidabas, por tu sonrisa (esa que se siente profunda), por cómo estaba tu familia en el momento de tu despedida… porque eso demuestra la entereza con la que supongo que habréis estado viviendo este último año, las conversaciones profundas que habréis tenido… vuestros valores, vuestra fuerza…

Espero que la tierra te sea leve Juan. Descansa en Paz.

Gracias.

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